Con un fósforo puedes encender una estufa o provocar el incendio de un bosque.  Con un lazo puedes sujetar a alguien e impedir que caiga de un árbol, o puedes derribar una estatua.  Con un cuchillo puedes partir una manzana o una papa, o puedes cortar a un animal o a una persona. No es, pues, el instrumento lo que define el fin y la función, sino aquél que lo maneja. Lo mismo sucede con la lengua.  Podemos hacer mucho bien con ella, o podemos hacer mucho mal, según como decidamos utilizarla.

       “Porque todos ofendemos muchas veces.  Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.  He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.  Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.  Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.  He aquí ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”  Sant.3:1-5 

El precio del desarrollo: La revolución del fuego al ocaso de las cenizas
                
 
            Este asunto es mucho más complejo y delicado de lo que podría imaginarse.
            Una persona inocente, como un niño, no puede pecar con ella, pues no hace más que hablar verdad desde la pureza de su corazón.  Una persona astuta puede utilizarla para endulzar el oído de su próxima víctima, para adular, engañar, confundir o dividir.  Una persona mala la usa como un asesino despiadado utiliza su espada, para herir, despedazar y matar (denigrar, condenar, injuriar).

             “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.”                 Prvbs. 12:18

            Saber usar la lengua para bien es un verdadero arte y una gran virtud.  No se trata simplemente de hablar verdad ni de buscar paz, felicidad o justicia, pero esto sí es una magnífica forma de comenzar, … y debemos aspirar a aprender a manejar y dominar el arte del ¿cómo?, el ¿cuándo?, y ¿a quién?

            Es total y absolutamente necesario estar en paz con nosotros mismos para poder meditar respecto al efecto de nuestro hablar.  Es indispensable crecer en sabiduría y adelantarnos siempre a las consecuencias que tendrán nuestras palabras.
              Debemos buscar:

-          Comunicar:  transmitir nuestras ideas, sentimientos, deseos, inquietudes, …

-          Dialogar: comunicar y esperar recibir respuesta de la(s) persona(s) con las que hablamos;  escucharla(s), no sólo oírla(s), para poder sostener una conversación y no un monólogo, y comprender.
-          Averiguar: Inquirir, preguntar, recaudar información, reunir datos para conocer la verdad y poder sacar conclusiones veraces y justas acerca de cosas que nos conciernen o nos interesan, …

    -    Resolver:  presentar soluciones, alternativas, opciones.  Aconsejar, recomendar.  Jamás debemos pensar en voz alta y manifestar nuestras penas, temores, quejas, a menos de que conscientemente hayamos decidido que queremos o necesitamos comunicarlos, y hayamos encontrado a la persona indicada y el momento oportuno para ello.  Pero sí debemos aportar para resolver cualquier conflicto si creemos saber, o sabemos, cuál es el camino.

-          Ayudar: Debemos hablar en una actitud positiva, nunca de juicio, sino de prevención, de protección, de consejo, de enseñanza, de fe, de consolación, …

-          Animar y confirmar:  Alentar todo aquello que reconocemos como positivo y bueno (el esfuerzo, la belleza, la excelencia, la perseverancia, la paciencia, la diligencia, le fidelidad, la actitud, la humildad, …)

           Hablar es para algunos un pasatiempo; para otros una forma de acaparar la atención sobre ellos mismos; para otros la forma más eficaz de evadir a los demás y tapar sus oídos.  Nada de esto es virtuoso ni amoroso.  Ninguna de estas actitudes conducen a la paz ni a la justicia ni a la felicidad, sino a un estancamiento egoísta y a desorden, heridas y destrucción.
Debemos ver el lenguaje como un canal de comunicación, y debemos aprender a manejarlo adecuadamente, para todo lo que mencionamos anteriormente, que compone la base de la vida en sociedad, y para:

-          Unir
-          Consolar
-          Perdonar:  afirmar el amor a través de la verdad
-          Pedir:  ser humildes y agradecidos, y pedir desde un pequeño favor hasta un gran perdón
-          Comprometernos  (conllevando cumplir)
-          Agradar
-          Compartir
 -  Confirmar:  afirmar a través de las palabras la veracidad acerca de nuestros sentimientos y obras.  Con el regalo: “Te aprecio.”  Con el favor:  “Te estimo”.  Con el préstamo devuelto:  “Te agradezco.”  Con el beso:  “Te amo.” Con la sonrisa:  “Me hacés feliz.”
-   Alegrar:  Con tacto y amor podemos hacer comentarios y bromas para animar en momentos de tensión, aburrimiento y/o estancamiento. 

      Todo lo anteriormente descrito son componentes indispensables para la felicidad.
La comunicación correcta conduce a comprensión, claridad, verdad, orden, justicia, unidad, estabilidad, amor, y por ende, a paz y felicidad.

Una mala comunicación o la falta de ella puede llevarnos a desorden, confusión, división, dolor, hasta caos y destrucción.

“Envuelve toda crítica en dos capas de elogios.”   Mary Kay Ash
“La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor.” 
                                          Prvbs. 15:1        

Una comunicación adecuada nos permite entender, prever, prevenir, cumplir, amar con más facilidad, complacer, agilizar, hacer justicia.

“La lengua apacible es árbol de vida.” Prvbs.15:4

      ¿Qué cosas contribuyen a lograr manejar nuestra lengua adecuadamente?

1.      Tener seguridad personal y ser honestos con nosotros mismos.
2.      Meditar a solas; analizar situaciones internas y externas, e intentar comprender nuestros propios sentimientos y pensamientos, circunstancias o a otras personas (en su ausencia).
3.      Comprometernos con el amor; no hablar a menos de que estemos seguros de que será para bien.  Pensar antes de hablar (y hacer un compromiso con la verdad), no importando si hablamos de pensamientos, sentimientos o hechos, es indispensable apegarnos a la verdad para no cometer injusticia, errores o provocar heridas innecesarias (la verdad puede ser dolorosa e hiriente, más adelante veremos cómo manejar este asunto).
4.      Si no nos consta la verdad debemos indagar, averiguar, constatar, y hasta entonces debemos abstenernos de emitir juicios y sacar conclusiones de suposiciones.
5.      Estar libres de resentimiento, duda, sentimientos desatendidos o ignorados;  ciclos inconclusos;  heridas;  tener el control de nuestra vida interior para no hablar por impulso, provocación, exasperación, emoción, miedo, presión o similares.
“En las muchas palabras no falta pecado, mas el que refrena sus labios es prudente.” Prvbs. 10:18-19

            Parecería como que el silencio es la solución perfecta para evitar cometer errores con nuestra lengua, pero no es así.  El silencio muchas veces puede ser mucho más dañino y destructivo que una idea mal planteada o un sentimiento mal transmitido o una palabra fuera de tiempo o de lugar, si somos honestos y amorosos.

El silencio es positivo:

1.  Cuando la verdad no apremia. 
2.      Cuando a través de él evitamos herir, confundir o alborotar. 
3.   Cuando es temporal:  concediéndonos tiempo para analizar, aclarar, definir y encontrar la mejor forma de manifestar lo que debemos comunicar o descubrir si hay algo que comunicar.
4.      Cuando no tenemos el conocimiento necesario para ayudar u opinar.
5.      Cuando tenemos resentimiento, malas intenciones, impureza o cosas no resueltas dentro de nosotros (que pueden lastimar a otros).
6.  Cuando nuestro corazón no participa del tema, no comprende o no aprueba. (Si estamos entre personas muy insistentes, manipuladoras o imponentes podemos decir exactamente eso y callar:  "No participo en esto.  No quiero decir nada al respecto.")

El predicador Charles Swindoll comenta en su libro “Killing Giants, pulling thorns”: "En momentos de dolor, “su presencia”, y no sus palabras, será apreciada grandemente.  El grueso manto de dolor ha caído sobre su amigo, cubriéndolo de inexplicable dolor negro.  La abundancia de palabras e intentos de instruir sólo le revelarán al que sufre un espíritu insensible.  Los Joe Baylys perdieron a tres de sus hijos en el curso de algunos años.  En su libro “La vista desde un coche fúnebre” él comparte sus sentimientos honestos después de la muerte de uno de sus hijos:  “Estaba sentado, despedazado por el dolor.  Alguien vino y me habló acerca del obrar de Dios, del por qué de lo sucedido, de la esperanza más allá de la tumba.  Hablaba incesantemente.  Dijo cosas que yo sabía eran ciertas.  No me conmovió, mas que al irse.  Finalmente lo hizo.  Otro vino y se sentó a mi lado.  No hablaba.  No me hizo muchas preguntas.  Se sentó a mi lado por más de una hora, me escuchaba cuando yo decía algo, hacía un comentario corto, oró y se fue.   Me conmovió.  Me consoló.  Me dolió verlo retirarse.”
            En momentos de mucho dolor, como en el caso de accidentes, hospitalizaciones, pérdida de seres queridos, enfermedades graves, divorcios, infidelidad, problemas familiares o económicos graves, los hechos y no las palabras son lo más indicado:  ponernos a las órdenes de las personas afectadas,  llevar cosas que puedan hacer falta, ser sensibles y compartir el sentir, apoyando en lo que sea posible.

El silencio es destructivo:
1.      Cuando detiene la verdad. 
2.      Cuando retarda la solución de un problema. 
3.      Cuando provoca incertidumbre, confusión, desesperanza, desconsuelo.
4.      Cuando está motivado por rebeldía, odio, venganza, maldad o cualquier sentimiento impuro.
5.   Cuando es egoísta e indiferente.

El psicólogo Daniel Sugarman comenta (en su artículo “Terapia para matrimonios enfermos”*): “No he conocido un matrimonio desavenido en que la comunicación no fuera uno de los problemas …  Hay una terapia de diálogo en la que cada cónyuge expresa por escrito sentimientos relativos a algún tema de importancia, … luego se intercambian estas comunicaciones escritas y la pareja las analiza buscando llegar a un entendimiento mutuo.”  De esto podemos aprender que el lenguaje escrito puede contribuir a evitar malos entendidos, irritaciones, pleitos, discusiones acaloradas, ya que al escribir podemos meditar, revisar y expresar con mayor cuidado y exactitud nuestros pensamientos y sentimientos. El silencio en estos casos provoca incertidumbre, desconfianza, malos entendidos, resultando en incomprensión y división. 

            Para cumplir con la justicia es indispensable comprender el significado completo de la palabra “verdad”.
            No existe verdad sin amor.  No existe amor sin verdad.

            Una persona llena de envidia, odio, inseguridad, inconformidad o miedo es un pésimo candidato para testificar acerca de la verdad.  Su situación la convierte en “cíclope”.  Sus ojos están afectados por la oscuridad de sus sentimientos no resueltos.
            Una persona en paz consigo misma y en paz con los que la rodean tiene mayor capacidad de percibir la verdad como un cuadro completo.
            La persona afectada negativamente va a tender a condenar toda circunstancia o persona que salga en forma mínima de lo “perfecto”: una manchita en la ropa; un estornudo fuerte; un movimiento descuidado; …  estas pequeñas “evidencias” de imperfección predispondrán su mente para ejercer un juicio negativo en cuanto a cualquier otro asunto, mientras que la persona en paz tenderá a ser comprensiva y misericordiosa, y a considerar cualquier juicio en un contexto completo y nunca aislado de la realidad total. Por ejemplo: si una mesera botara una bandeja, la persona afectada negativamente inme-diatamente emitirá un pensamiento o una exclamación como: “¡Qué muchacha tan torpe (descuidada, irresponsable, inútil, etc.)!”; la persona en paz consigo misma pensará: “¡Pobre muchacha, tal vez está cansada; ojalá no le cobren lo que botó, …!”  La persona afectada negativamente emitirá un juicio severo y sin misericordia acerca de lo que haya podido ver, mientras que la que está en paz será muy cuidadosa al testificar exactamente lo que vio, teniendo cuidado de no dañar a una persona que posiblemente no lo merezca. La persona que está en paz posiblemente haya notado una arruga en la alfombra,  causa del tropiezo y el accidente, cosa que la persona afectada no habrá visto.
            Debemos deshacernos del concepto de que hablar verdad es “decir lo que vi”.  El chisme, la injuria, la calumnia, el desacreditar, son cosas muy comunes en nuestro tiempo.  De hecho son las que han motivado este artículo. Una persona amargada y resentida puede usar “lo que vio” para hacerle daño a alguien a quien envidia o de quien tiene celos.
            La verdad va mucho más allá de “lo que vi” o “lo que oí”.  ¿Qué quiero lograr “hablando de lo que vi u oí”? ¿Proteger? ¿hacer justicia? ¿unir? ¿honrar?
            Para hablar verdad debemos partir de la verdad acerca de nuestros motivos y llegar a la verdad de lo que esperamos lograr al hablar.  Desde allí podemos caminar y permanecer fieles a nuestro compromiso con el amor, y siempre continuar aprendiendo acerca de las personas con las cuales nos relacionamos y todo aquello que contribuya a cumplir con la justicia.
            De allí que es bueno callar todo aquello que nos distraiga y aleje de alcanzar la plenitud y la felicidad que concede el amor perfecto.

            Una vez revisados y aprobados nuestros motivos para hablar, debemos aprender el ¿cómo?, el ¿cuándo? y el ¿a quién?  Estos detalles están muy lejos de ser superficiales y pueden hacer la diferencia entre bueno y malo, positivo y negativo, edificante y destructivo.  Son especialmente decisivos en las relaciones personales.

¿Cómo?

1.      Con seguridad. (Con el respaldo de la verdad, la integridad y la buena conciencia).
2.      Con el corazón: sin insensibilidad; habiendo sopesado la situación y habiendo concluido que todo será para el bien común (esto ayudará a amortiguar el efecto de la verdad sobre la otra persona en caso de cosas serias y dolorosas).
3.      Sin rodeos:  ir al grano para evitar confusión, aburrimiento y perder el enfoque en el punto importante a tratar.
4.      Con tacto:  con cuidado de no herir susceptibilidades.  Preparando el terreno en caso de noticias dolorosas o cosas delicadas a tratar (como la muerte de un ser querido, una hospitalización delicada, desconfianza, heridas sentimentales, etc.). Al querer averiguar la verdad acerca de algo o alguien debemos tener cuidado de no emitir un juicio hiriente.  Al dar un consejo debemos ser afectuosos y no severos; amorosos y no críticos.
5.      Con responsabilidad: con seriedad, si el asunto la amerita; con libertad, si el ambiente es de confianza y alegría; con entusiasmo, si es lo que hace falta, … respetando las circunstancias y a las personas involucradas (funerales, hospitalizaciones, problemas, celebraciones, citas personales, etc.)

¿Cuándo?

1.      En el momento oportuno. Buscando el lugar y el ambiente ideal para tratar cada asunto; evitando posponerlo ilimitadamente o hacerlo a la carrera sin tener los cuidados debidos. 
2.      En cuanto se tenga la palabra adecuada: habiéndonos tomado el tiempo para aclararlo todo en nuestra propia mente y tener la seguridad de que sabemos lo que queremos comunicar o indagar.
3.      Nunca en un momento de cólera, desesperación, tristeza, confusión, miedo u euforia.  Al estar en paz con nosotros mismos, con la mente clara.

¿A quién?

1.      A quien compete: directamente a la(s) persona pertinente(s); evitando chisme, involucramiento de personas ajenas, etc.
2.      A quien te ama. Las personas que nos aman siempre están dispuestas y deseosas de escucharnos.
3.    A quien interese.  Hay personas que no se interesan por lo que tenemos que decir. Debemos evitar hablar cosas valiosas con quienes no muestran interés en ello.
4.       A quien escuche.  El que escucha debe ser honrado y estimado.
5.       A quien lo valore.
6.    A quien necesita oírlo. Nunca debemos reservarnos palabras de alivio, ánimo, consuelo, dirección, etc. ante personas en necesidad de recibirlas.  (Aunque las personas necesitadas se muestren, a veces, reacias el amor tiene la capacidad de transmitir el mensaje, sin temor ni cobros posteriores, debido a la indisposición a la recepción.)
7.     Debemos cuidarnos de no hablar con una persona equivocada.  Así como es importante lo que decimos y cuándo lo decimos, también es muy importante a quién lo decimos.  El hablar con la persona equivocada puede provocar grandes problemas y heridas profundas que pueden tardar mucho tiempo en resolverse y sanar, tanto para el que habla como para aquél que escucha.  Para saber si estamos hablando con la persona indicada debemos desarrollar el hábito de la observación y la evaluación.  Debemos notar las reacciones y las respuestas de las personas a nuestro hablar.  Cuando las personas son indiferentes, prejuiciosas, negativas, olvidadizas, debemos buscar alternativas.  Podemos recurrir al lenguaje escrito para dar oportunidad (en caso de cosas no serias) o a la jerarquía, buscando apoyo en la autoridad superior, con el único fin de ser escuchados y hacer llegar nuestro mensaje al lugar indicado (correcto).

            En casos de injusticia, rebeldía, deshonestidad o infidelidad, especialmente si se está en autoridad, es totalmente necesario:
1.      Hacer manifiesta la verdad.
2.      Establecer la realidad de la situación.
3.      Utilizar la fuerza necesaria en las palabras para que prevalezca la justicia y se haga valer la autoridad.
4.      Evitar totalmente usar palabras innecesarias para expresar frustración, dolor, ira, …  En estos casos lo más recomendable es derramar el corazón delante de Dios, quien entiende nuestro dolor, decepción, etc. y puede librarnos del resentimiento, odio, venganza, y quiere consolarnos, descargarnos, fortalecernos, guiarnos y sanarnos.
Debemos cuidarnos de desbordar frente al agresor y desnudarnos ante él, haciéndole saber todo lo que pensamos y sentimos.
Ante situaciones de dolor e injusticia ambas cosas pueden fácilmente generar un río de ira.  Dejarlo fluir no contribuirá a la paz ni a la justicia, sino agravará el malestar y la situación.
Especialmente en estas situaciones son muy necesarios el dominio propio, la inteligencia, la sabiduría y la madurez.  Es muy importante estar libres de soberbia y egoísmo en estas circunstancias para buscar la justicia y dar por concluido y terminado el asunto tan pronto como posible, para poder pasar a la etapa de sanidad y restauración.   
El perdón y la verdad son indispensables, así como el amor, sin ellos la solución es inexistente.

Cuando hemos sido heridos intencionalmente (como en el caso de adulterio consistente) se abre una herida muy profunda que debe sanar con tiempo y amor.  El hecho de que la agresión sea intencional y voluntaria nos pone en un papel muy delicado de víctimas.  El dolor debido al engaño, al desprecio, al egoísmo del agresor, demanda nuestro odio racional y consciente para poder proceder a la sanidad.  El odio va dirigido únicamente al hecho, a la falta, a la transgresión misma, concediéndonos la capacidad completa para resistir, aguantar el dolor, y permanecer sanos hasta concluir plenamente el proceso de sanidad (cerrar la herida).  Esto puede llevar de meses a un par de años.  El amor y las circunstancias alrededor de nuestra vida harán que el tiempo para sanar sea más largo o corto, así como el proceso más o menos doloroso, más difícil o sencillo.  Para que la herida sane debe haber perdón.  El perdón se dirige a la persona agresora;  el odio a la agresión.  El rompimiento de la relación es totalmente necesario, al menos hasta que la herida haya cicatrizado.  

De cualquier forma es indispensable sanar esta herida, pues será nuestra identidad la que se verá afectada de no hacerlo.  Una herida no sanada resultará en: 
a.       Incapacidad para interactuar, desenvolverse y desempeñar cualquier oficio con eficacia; constante tristeza, debilidad; hasta enfermedad y muerte.
b.      Dureza de corazón, amargura, trastornos en la personalidad:  agresividad, irritabilidad, dureza, violencia, insensibilidad.  Problemas de salud.  Problemas en las relaciones de cualquier tipo.

No debemos tener miedo de sentir odio.  La ignorancia, los tabús, los temores, las costumbres, son muchas veces impedimentos para salir adelante.  Se convierten en cadenas que nos lastiman y torturan, lejos de ser seguridad y protección, que es lo que necesitamos.  Sólo debemos ser honestos con nosotros mismos, y saber que aunque debamos enfrentar a la sociedad, es nuestra vida la que está en juego.  Ellos no van a sanar la herida que ellos mismos permitieron que se produjera.  No hay castigo para aquél que nos hirió, pero sí hay esperanza para nuestro futuro si hacemos lo que debemos.   El odio del cual hablamos no es una actitud ofensiva, es un escudo que protegerá nuestra parte sensible y delicada, y nos guiará a acciones justas, fuertes, inteligentes y definidas en situaciones de adversidad.

En general, como una regla absoluta para el uso de nuestra lengua debemos evitar:
1.      El chisme
2.      La burla
3.      La jactancia
4.      El juicio
5.      El menosprecio
6.      El desprecio
7.      La ligereza
8.      La insensibilidad
9.      La injuria y la calumnia
10.  La mentira y el engaño

El uso de la lengua está directamente ligado a nuestro conocimiento, nuestro concepto de nosotros mismos, nuestros sentimientos hacia los demás seres humanos y nuestra comprensión acerca del funcionamiento de la vida.  A través de escucharnos a nosotros mismos podemos tomar conciencia de quiénes somos y cómo estamos (en cuanto a nosotros mismos y a nuestra relación con los demás). Podemos evaluarnos y proponernos trabajar hacia la consecución de la perfección de nuestro “yo”, así como hacia el logro de relaciones sanas, positivas, gratificantes y sólidas, contribuyendo todo esto a una vida estable, fructífera y dichosamente feliz.


 No debemos ignorar ni subestimar el valor de la comunicación.  Debemos comprometernos a comprenderlo, 
valorarlo, respetarlo y utilizarlo con responsabilidad y amor.


“Los labios del justo saben hablar lo que agrada; mas la boca de los impíos habla perversidades.”  Prvbs. 10:32

“Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi boca hablará verdad, y la impiedad abominan mis labios.  Justas son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida.  Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables a los que han hallado sabiduría.  Recibid mi enseñanza y no plata; y ciencia antes que el oro escogido.  Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella.”  Prvbs. 8:6-11


            "Las buenas palabras tienen gran valor y nos cuestan poco." 


 "Las palabras amable pueden ser cortas, y fáciles de decir,  
pero su eco es verdaderamente infinito."





*Reader´s Digest





 Recomendación de Películas:

1.  Sentido y Sensibilidad (E. Thompson):  Notar el efecto del silencio (en las dos hermanas mayores de los Dashwood); y la rectitud, el amor y la sabiduría en el silencio y el hablar del coronel Brandon.

2.  En Busca del Perdón  (Louis Gossett):  ver el resultado de negar el dolor.

3. Dios no está muerto 1:  Notar el efecto que tiene el hablar de cada personaje importante:  maestra, abogado defensor, procurador , estudiante, reportera.

4.  Amish Grace  (Kimberly Williams & Matt  Letscher):  Ver:  dolor y consolación.

5.  Amazing Grace  (Ioan Gruffudd):  hacer énfasis en la verdad que se dice. 

6.  San Andreas  (Dwayne Johnson):   Dr. Hayes y Ray, piloto de rescate:  protección.  Enfocarse en tono de voz, tener el control, intelignecia, capacidad, fidelidad.  Igualmente en:  Apolo 13, con Tom Hanks.

7.  La Princesita (Shirley Temple):  La película completa muestra las muchas cosas malas y las muchas cosas buenas que pueden suceder, dependiendo del uso de la lengua.

8.  Sherlock Homes, Los oscuros Comienzos: (Ian Richardson):  Balance entre sentimientos y conocimiento.

9.  Contagious (L. Wagner):  Notar cómo maneja la situación la doctora, representda por L. Wagner.


Canciones:

"The most beautiful girl"  (Charlie Rich)
"Back for good" (Gary Barlow)
"It´s hard for me to say I´m sorry"  (Chicago) 
"All I needed to say"  (M.W. Smith)
"No me puedes dejar así"  Luis Miguel
"All I need"  J. Wagner
"We fell in love" E. Humperdinck
"Somewhere down the road" B.Manilow

Lectura:
"¿Cómo manejar y reducir el estrés?"
Panfleto para descargar en forma gratuita, en idioma inglés:
https://www.mentalhealth.org.uk/publications/how-manage-and-reduce-stress





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